jueves, 26 de julio de 2012

"REFLEXION ENSEÑE A SUS HIJOS LA DEVOCION A DIOS"


ENSEÑE A SUS HIJOS LA DEVOCION A DIOS
¿Qué papá o mamá no está preocupado de la buena educación de sus hijos? Para ello no hay ninguna "fórmula mágica" ni es cuestión de tener suerte. En la tarea educativa-hogareña como en otras esferas de la vida humana rige el principio bíblico: "lo que se siembra, se cosecha" (Gálatas 6,7). De ahí la gran necesidad de capacitar a los padres en la hermosa misión de educar en sus hijos personalidades provechosas para el futuro. Ya hemos visto 7 lecciones para ser mejores padres. Recomendamos a ustedes papás y mamás repasar periódicamente los temas anteriores para ver si los están practicando. Muchas veces actuamos incorrectamente solo porque hemos olvidado los consejos apropiados.
Ahora vamos a ver un tema que casi no se toca en la formación humana de "escuela de padres". Es el tema de la formación de la fe de los hijos. Este tema es fundamental para nosotros los creyentes pues sabemos que no solo somos seres materiales sino que también tenemos un alma personal. Por lo tanto sabemos que: "No solo de pan vive el hombre sino también de toda palabra que sale de los labios de Dios" (Mateo 4,4). Este "pan" espiritual ¿dónde debe ser primeramente servido? ¿Quiénes son los primeros maestros de la fe?
El Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: "En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo" (Nº 1656); "Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, "en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras" (LG 10). El hogar es así LA PRIMERA ESCUELA DE VIDA CRISTIANA. Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la vida" (Nº 1657).
En estos dos números del Catecismo oficial católico están resumidos los varios aspectos de la formación espiritual de los hijos. Lo primero que queda claro es que para nosotros católicos la enseñanza cristiana debe comenzar en el hogar. ¡Los padres deben ser los primeros catequistas de sus hijos! Esta costumbre era la forma de transmitir las enseñanzas de Dios de generación en generación en el pueblo hebreo (Salmo 78,5-8).
LO QUE PUEDE HACER EL PADRE
La misión espiritual del padre es ser el SACERDOTE del hogar porque le corresponde la sublime tarea de llevar a su familia hacia Dios. Dios ha dado a los padres esta orden: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en la mente todas las palabras que te he dicho. Enséñalas continuamente a tus hijos; háblales de ellas tanto en tu casa como en el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes" (Deuteronomio 6,5-7). En este texto Dios ordena al jefe del hogar a ser el primero en mostrarle un amor ejemplar. Es decir que los papás deben ser los más entusiastas y dedicados servidores de Dios. ¿Cumple Ud. esto querido lector? Es triste reconocer que en los hogares católicos son más las mamás que los papás dedicados a las cosas de Dios. ¡En muchos hogares el papá es el más apartado de Dios pues está sumergido en borracheras, adulterios, y otras inmoralidades; y lo peor es que no quiere saber nada de la Palabra de Jesucristo! Esto no debería ser así. Desde estas páginas invocamos a los papás católicos a volverse a Dios para retomar su digno puesto de "párrocos" de su casa. Allí en su "parroquia doméstica" están llamados a cumplir una misión de alta envergadura: formar espiritualmente a los hijos de Dios que le han sido confiados a través de la paternidad, para que sean personas de bien y lleguen a la salvación eterna. Para esto tienen que desplegar un esfuerzo de educación cristiana sobre sus hijos desde la más tierna edad.
Por supuesto que realizar esta tarea implica que los papás empiecen a instruirse en las cosas del Señor. Para ello deben concurrir a sus parroquias e inscribirse en alguno de los programas de formación cristiana, o participar en algun grupo católico que conduzca a un encuentro personal con Cristo como los "Cursillos de cristiandad" o los "Talleres de oración". Haciéndolo descubrirán cuánto se han estado perdiendo del hermoso camino de Dios y se preguntarán porqué han estado tan ciegos hasta ahora. Entonces se dedicarán con ahínco al camino cristiano.
Para educar a sus hijos, los papás deben aprovechar las variadas oportunidades que están con ellos. Por ejemplo en el desayuno, pueden educar a los hijos enseñando a expresar gratitud a Dios por los alimentos recibidos y tal vez añadir algunas consideraciones de tipo espiritual para el día. El tiempo de acostarse es otro tiempo favorable para la intimidad padre-hijos y concluir con un momento de oración familiar. Este último momento de cada día es bueno para sembrar ricas enseñanzas en la mente de los hijos a través de las historias bíblicas.
La Biblia presenta a los papás el ejemplo de Job: "un hombre de Dios justo, recto y apartado del mal. Tenía siete hijos y tres hijas. Siempre que había alguna fiesta Job se levantaba de mañana y ofrecía sacrificios para purificarlos de sus pecados porque pensaba que tal vez sus hijos podían haber pecado contra Dios en sus corazones" (Job 1,1-5). Este padre se interesaba no sólo por la ropa, estudios, alimentación y medicinas de sus hijos, sino que se interesaba también por la salud espiritual de ellos. Por eso él oraba por sus hijos. Es muy importante tomar esto en serio, Satanás también tiene interés en cada familia. Su deseo es arruinarla, alejarla de Dios. Y lo logra en muchísimos hogares donde el padre no está ocupando su lugar de "pastor de la fe". Frente a ello el papá católico como cabeza del hogar debe defender el camino de su esposa e hijos llevándolos a Dios. Por eso todos los días el papá debe dirigir momentos de oración familiar y hablar a los suyos sobre la necesidad de estar siempre en las manos de Dios, amándole de todo corazón. Todo papá debe inculcar en sus hijos: la importancia de la Palabra de Dios, el gran amor de Dios por la humanidad, los resultados nefastos del pecado, la obra salvadora de Cristo, y la clase de vida que lleva al cielo donde Dios espera.
Ningún papá debe permitir que sus hijos pierdan el camino de Dios. El padre todos los días debe orar a Dios por su esposa y por cada uno de sus hijos. Preocuparse para que los hijos estudien y se preparen para el mañana es bueno pero mucho más importante es la educación espiritual (Salmo 19,7-10). ¡El crecimiento espiritual es de mucho más provecho que el progreso material! Por eso todo padre debe anhelar que sus hijos encuentren a Cristo y sirvan a Dios. ¡Qué felices deben sentirse los padres que tienen hijos sacerdotes, religiosas o laicos comprometidos que predican la palabra de Dios, o entregados a alguna obra de bien social que beneficia a mucha gente! Eso ha costado, sin duda alguna constante oración y enseñanza cristiana. Y qué felices se ven los hogares donde TODOS SUS MIEMBROS sirven a Dios en alguna pastoral de la Iglesia: a la hora de los encuentros hogareños tienen una hermosa comunión espiritual y un grato compartir de experiencias. ¡Esta debe de ser la meta de todo padre de familia! (ver Josué 24,15). En cambio que triste es oír a personas que suplican en las reuniones católicas que oren por su hijo o hija descarriados. ¿De qué sirve haber criado un hijo para que sea ingeniero o médico, profesor o empresario, pero vive al margen de las normas de Dios? ¡Cuántos hijos con título profesional, son la vergüenza de su padres porque son borrachos, mujeriegos, irresponsables, estafadores y abusivos! ¡Hasta se olvidan de ayudar a sus padres en su ancianidad! No sirven ni a Dios ni a su prójimo sino a su provecho personal. Tales hijos, aunque formados académicamente, no fueron forjados cristianamente por sus padres y ahora son personas egoístas que solo piensan en sí mismos. Sus corazones no recibieron la palabra de Dios y van camino a la perdición eterna. La misión de los padres es muy seria: conducir por la senda recta al Reino a cada alma que han traído a esta tierra.
EL PAPEL DE LA MADRE
La responsabilidad de la madre no se reduce a solo cocinar, lavar y planchar la ropa. Su misión es mucho más que esto. Dios le ha puesto como MAESTRA de sus hijos. Tiene que ayudar a su esposo en la educación cristiana de los hijos. La madre es la que pasa más tiempo en casa con los niños y debe incentivar lo que papá enseña. ¿Cómo? Recordando por ejemplo que oren antes de salir a su colegio, antes de ponerse a estudiar, etc. La mamá debe buscar maneras para hacer que sus hijos pongan en práctica las enseñanzas de papá: "hijos vamos a visitar a una vecina que está muy enferma y sola". La mamá debe dar un buen testimonio de cristianismo positivo ante sus hijos: por ejemplo hacer sus cosas cantando alabanzas al Señor. Suele suceder que mientras mamá está ocupada en hacer sus cosas los niños están peleando o molestando. Un buen remedio para que no se peleen y hagan sus tareas alegres consiste en que canten alegres canciones cristianas. ¿Qué tan maestra puede ser una mamá que cuando está lavando o cocinando está renegando y regañando a los niños, y por sus menesteres olvida dar tiempo a los asuntos de Dios? ¿Qué ejemplo pone la mamá cuando no pone sus problemas en manos de Dios a través de la oración sino que se desespera ante ellas? (comparar con Proverbios 31,25-29).
Cuando una mamá cumple su papel de maestra cristiana de sus hijos logra tener un hogar más feliz, goza de mucha más paz y obtiene más bendiciones divinas pues Dios mora dentro de su hogar. Los hijos que han llegado a ser bendición para el mundo han tenido un hogar cristiano y una madre ejemplar. Baste citar como botón de muestra a San Juan Bosco que tuvo una excelente maestra espiritual en su mamá, la cual quedó viuda cuando juanito tenía dos años. Ella le inculcó la fe y las costumbres cristianas de la oración y la caridad desde su pequeñez. ¡Y logró moldear un santo!
La mamá juega pues un papel muy importante en la educación y orientación cristiana de sus hijos. Estos por alguna razón tienen más confianza en la madre. A ella le cuentan sus problemas y necesidades más que al padre. En esas confidencias están las oportunidades para aconsejar, dirigir y orientar a sus hijos. Se dice que solo el amor de Dios supera al amor de la madre, pues bien, que se demuestre ese amor en la educación cristiana de los hijos para una provechosa vida terrenal que los lleve a su eterna salvación. Las madres están tejiendo los caracteres de sus hijos día tras día. La mamá ejemplar es la que procura cuidar no solo el cuerpo y la instrucción de sus hijos sino también y sobre todo la edificación de sus almas.
LA VIDA CRISTIANA SE APRENDE EN EL HOGAR
El papel de ambos padres es cuidar que en el hogar prime un ambiente de amor. El ambiente de amor se alimenta de la atmósfera espiritual. No se puede meter una esponja en vinagre y esperar que salga llena de agua o leche. Así como la esponja absorve el líquido que le rodea así los niños absorven el ambiente que les rodea. Ellos perciben las actitudes y observan las cosas que se pratican alrededor de ellos. Por eso es importante que los padres edifiquen en su hogar un ambiente de fe, amor, espiritualidad y confianza en Dios. Y cada uno en la familia debe conocer a Jesús como su Señor y Salvador (Hechos 16,31-34). Los hijos van a aprender la fe de sus padres más por lo que los padres hacen que por lo que dicen. Si el papá manda que los hijos vayan a misa y él no va, solo enseña con la boca pero no con el ejemplo. Si la mamá les ordena orar antes de comer o al salir a estudiar pero ella no se encomienda a Dios en sus distintos quehaceres tampoco enseña bien. Así solo se forma mas hipócritas en el pueblo de Dios (Mateo 15,7-9)
Los hijos observan la manera en que sus padres se tratan entre sí y como tratan a los visitantes. La calidad de la conducta de los padres es el fundamento de la conducta de los hijos. Si los pequeños ven en su crecimiento lecciones de irritabilidad, hablar con gritos, las quejas amargas, la violencia familiar, la falta deperdón, entonces quedan con impresiones que dificilmente se borran. En cambio si los padres son personas bondadosas y consideradas, si sus normas morales son elevadas y sus sentimientos son buenos, entonces sus hijos tenderán a imitarlos. Obre de la manera que quiera que sus hijos obren, sea como usted desea que ellos sean. Los padres NO deben tener dos conjuntosde principios: uno para predicarlo y el otro para practicarlo. Uno para sus hijos y el otro para sí mismos. ¿De qué vale decir a sus hijos que no mientan si Uds. mismos mienten? Si los padres se tratan groseramente ¿cómo pueden esperar que el hijo les muestre respeto? Por eso padres, si ustedes no desean tener pequeños fariseos en la familia, no sean ustedes los fariseos grandes (Mateo 23,3-4).
Pregúntense: ¿Qué normas esperan Uds. que sigan sus hijos? ¿Cumplen con esas normas ustedes padres? (ver 1 Juan 3,18). ¿Se quejan ustedes, viven peleando, se desesperan ante los problemas y se acuerdan de Dios muy de vez en cuando? ¿Es esa la clase de vida que desean que sus hijos lleven? Los padres deben sentar un buen precedente a sus hijos respecto de la religión: si ellos no dan la debida importancia a las celebraciones dominicales y a asistir a la comunidad cristiana, y no leen la Biblia, irán enseñando con los hechos que estas cosas no tienen importancia. Luego no se extrañen que se rebelen contra la Iglesia y contra ustedes cuando estén en sus años juveniles. Los padres deben llevar a sus hijos a la parroquia en forma obligatoria cuando son pequeños tan igual como los envían al colegio y los vacunan sin consultarles. Los padres están obligados a darle lo mejor a sus hijos. Esto es una aplicación de Proverbios 22,6: "Enseña lo bueno al niño de hoy y cuando fuere viejo no lo abandonará". Y lo mejor que se enseña a los hijos es la doctrina y la vida cristiana auténtica. Si no lo hacen, el mundo a través de los amigos, el ambiente y la televisión, llenará sus espíritus de valores falsos, creencias superticiosas y conductas dañinas.
LA ORACION EN LA FAMILIA
El Catecismo de la Iglesia Católica en el Nº 2685 enseña: "La familia cristiana es el primer ámbito para la enseñanza de la oración. Es en la "iglesia domestica" donde los hijos de Dios aprenden a orar en iglesia y a perseverar en la oración. Particularmente para los niños pequeños, la oración familiar diaria es sumamente importante". Tomando esto como base podemos afirmar que la práctica de la oración en el seno de las familia es un asunto muy importante. Los padres tienen que ser los maestros de oración de sus hijos.
Ya dijimos que los hijos aprenden más por lo que ven en sus padres que por lo que oyen a sus padres. Para que los hijos aprendan a orar lo más efectivo es que en el hogar se practique la oración. Si en su hogar no hay la costumbre de orar, hoy mismo deben comenzar a hacerlo. Orar en familia contribuirá grandemente a superar los problemas y conflictos que sufren ya que al hacerlo verán lo contraproducente que son los insultos, los gritos, las peleas y las borracheras en el hogar y por tanto empezarán a desterrar tales cosas del ambiente hogareño. La oración en familia hará florecer virtudes positivas en el hogar como el pedir perdón y perdonar, el ser bondadoso y agradecido, el ser más sensible a los problemas del prójimo, y el tener más inclinación a las cosas de Dios.
La oración en familia hace presente la presencia de Jesús en el hogar pues él dijo: "donde dos o más se reunen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18,20). Y si El está presente el hogar tendrá luz, paz y alegría. En todos los hogares las personas se reunen a diario para comer, conversar, divertirse, pasar la noche, trabajar, hacer planes, etc. Lo que falta solamente es que se reunan en nombre de Jesús para tener momentos dedicados a Dios y los domingos ir juntos a la Misa.
LA ORACION EN FAMILIA
Toda familia católica debería reunirse en determinados momentos para orar juntos. Esas ocasiones ordinariamente deben ser: el momento de las comidas, el compartir familiar de las noches antes de acostarse, y el asistir juntos a la misa dominical. Extraordinariamente la familia debería reunirse para hacer un momento de oración en ocasión de acontecimientos familiares como los cumpleaños, despedida de viajes, nacimiento de un pequeño, la enfermedad de un ser querido o cuando la muerte visita el núcleo hogareño.
La oración en las comidas: No debe ser muy larga ni hecha de prisa. Debe ser un preámbulo espiritual al grato disfrute familiar de los alimentos. Debe ser promovida por el papá pero puede ser dirigida rotativamente por todos los miembros del hogar incluido los mas pequeños. Puede consistir en la señal de la cruz, la lectura breve de un texto bíblico escogido, una oración espontánea de bendición de los alimentos y terminar con un Padre Nuestro y un Ave María. Al final de la comida una corta plegaria de gratitud es suficiente.
La oración antes de acostarse: es otro momento excelente para orar en familia. De preferencia debe dirigirla el papá en el siguiente orden: la señal de la cruz, una oración de gratitud por el día transcurrido, un breve examen de conciencia de cómo se ha comportado cada uno, un pequeño trozo de la Biblia comentado por cualquier miembro de la familia, (o una historia bíblica que el padre lee a sus hijos pequeños), y terminar con un Padre Nuestro y un Ave María.
La experiencia de la reconciliación: En el hogar debe vivirse la experiencia de la reconciliación porque el pecado es un acompañante cotidiano de las familias. Pecamos mucho mas contra nuestra pareja, contra nuestros hijos y contra nuestros padres que contra cualquier otra persona en el mundo. Y nuestros pecados mutuos obstaculizan el plan de Dios de que seamos una familia feliz. Nuestros pecados mutuos generan distanciamiento, desconfianza, rencor, dudas, desaliento y depresión. Por eso debemos aplicar la medicina de la diaria reconciliación hogareña. Hagamos realidad lo que decimos en el Padre Nuestro: "perdona nuestras ofensas ASI COMO NOSOTROS PERDONAMOS a los que nos ofenden" (Mateo 6,12-15). El papá y la mamá deben tomar la iniciativa en reconciliarse entre sí y pedir perdón a sus hijos cada vez que sea necesario para dar el ejemplo a seguir. La práctica de la reconciliación en el hogar hará también que los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación tengan real significado para la familia.
ORAR POR LOS HIJOS
Jesús pasaba noches enteras orando por sus discípulos a quienes consideraba como hijos. De la misma manera todo padre de familia debe orar constantemente por su familia ante Dios. Una forma eficaz de cuidar el camino de los hijos es pedir por ellos para que Dios guíe sus pasos. Los padres pueden desear determinadas alternativas profesionales o matrimoniales para sus hijos pero no pueden decidir por ellos. Para cuidar que ocurra lo mejor en sus vidas lo efectivo es pedir constantemente a Dios que haga su voluntad en ellos y saber aceptar su respuesta. Muchas veces Dios no responde como los padres esperan pero deben recordar Isaías 55,8-9: "Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis pensamientos y mis caminos están por encima de las de ustedes". Los caminos de Dios para nuestros hijos son mejores que los nuestros. El les ama mucho más que nosotros.
EL MEJOR LIBRO PARA FORMAR A NUESTROS HIJOS
Cuando San Pablo quiso estimular a su discípulo Timoteo a seguir firme en la misión pastoral que le había encomendado le dijo: "Recuerda que desde niño conoces las Sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús" (2 Timoteo 3,15). En estas palabras podemos entrever que los padres de Timoteo le enseñaron desde pequeño a leer y meditar la Biblia. Y al hacerlo prepararon su corazón para el servicio de Cristo. Imitemos este ejemplo bíblico y hagamos que nuestros hijos amen la Biblia y la mediten constantemente. Dios nos ha dado este libro maravilloso para orientar a nuestros hijos y para orientarnos a nosotros mismos en el cumplimiento de nuestra paternal labor.
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